Cine y Persona Humana
Los expertos reunidos en el IV Simposio Internacional de Cine de Valencia, analizaron cómo la industria del cine ha enfrentado la introducción en él de tópicos como la clonación, la eutanasia y el aborto. La conclusión fue enfática: lamentablemente, “muchos temas del cine contemporáneo conducen a desnaturalizar al ser humano”.
Además de analizar estos temas que en parte son nuevos para la industria, en el encuentro también se abordaron otras temáticas normalmente conflictivas en la pantalla grande como el sexo y la violencia. La cuestión no es nueva: según el crítico cinematográfico español Jerónimo José Martín, hay públicos impresionables, compuestos casi en su totalidad por niños y jóvenes, a los cuales se les dan a conocer estos elementos de forma tan poco elaborada y responsable que termina generándoseles una confusión moral y una visión deformada de la vida. “Se les dan a conocer supuestas actitudes normales o ejemplares, las que finalmente terminan siendo actitudes equivocadas y, a veces, hasta aberrantes”, afirma en un artículo.
Ese es el caso del sexo, por ejemplo. Según las conclusiones generales del reciente Simposio, con respecto a él, el cine ha mostrado cada vez más una actitud permisiva, en la que se presenta a éste como un mero intercambio de flujos, suprimiendo la afectividad y la ternura. Y ha llegado a ser tal esta permisividad que incluso hay quienes han llegado a postular que se está cerca de la pornografía, de la violación de la privacidad de la persona humana, de la utilización del cuerpo como un objeto sólo para obtener una gratificación personal.
Parecido es lo que ocurre con la exaltación de la violencia de una manera irracional, como una cosa destinada a ofender, a destruir al otro, a quitarle su dignidad mediante el sometimiento o la tortura.
Pero el problema real no radica en incorporar o no la violencia y el sexo en las películas, ya que finalmente el cine es reflejo de la vida y en ella sí están presentes. El conflicto se genera cuando esto se realiza sin un verdadero sentido, cuando el único objeto es escandalizar, comercializar y vender el producto, más allá de generar una verdadera conciencia.
Según el productor y cineasta británico David Puttnam, de ninguna manera el cine debe ocultar los problemas sociales, los dramas o el sufrimiento, si no que, por el contrario, es su deber moral el darlos a conocer y demostrar que estos sí se pueden superar. Se debería impulsar al espectador a actuar de forma constructiva y a dar siempre lo mejor de sí mismo, incentivarlo a convertirse en un “héroe” que derribe los obstáculos, capaz de vencer las complejidades de la vida y que no huye de manera cobarde. Retratar, en el fondo, la grandeza del espíritu humano, su trascendencia, la ilusión, las virtudes, la confianza en la condición humana, en la persona en sí misma.
El cine, según las conclusiones del encuentro de Valencia, al igual que la televisión, “contribuye a la construcción de los hombres y mujeres de nuestro tiempo” por lo que es fundamental que cada uno de los que forman parte de esa gran industria se hagan concientes de que ejercen una influencia directa en el desarrollo y actitudes de nuestra sociedad y que mientras más presentaciones de elementos sin sentido realicen, más contribuirán a la confusión moral de los individuos y a su deformación de la realidad.
El desafío entonces está en realizar una obra donde la responsabilidad social y los elementos esenciales del cine se complementen, donde el narrar una historia genere el esparcimiento y entretención que busca el espectador, además de una reflexión o meditación de su parte. No significa esto el que objetivo del “séptimo arte” sea el dar lecciones o sermones, sino que es dar la oportunidad y el espacio para que la persona humana sea capaz de descubrir el valor de su propia vida y de sus valores.
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