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Reflexiones sobre niños y horario estelar en la TV
Resumen
El artículo analiza el gusto de los niños brasileros en cuanto a televisión abierta, en horario estelar, a partir de una encuesta hecha por Ibope, en la cual se destaca la preferencia por programas en los cuales prima la narrativa, como las telenovelas y los reality shows y los que incluyen el humor en sus contenidos.
A partir de estos resultados, la autora cuestiona el papel de padres, adultos responsables, productores y canales en el debate sobre la calidad de los contenidos televisivos para niños y adoelscentes.
A partir de estos resultados, la autora cuestiona el papel de padres, adultos responsables, productores y canales en el debate sobre la calidad de los contenidos televisivos para niños y adoelscentes.
Textocompleto
El final de las vacaciones de verano brindó un dato importante para quienes se preocupan con los niños brasileños de 4 a 11 años y lo que les gusta mirar en la TV abierta, en horario estelar. La telenovela de mayor audiencia, Senhora do Destino, que finalizó hace poco en la Rede Globo, resultó ser el programa preferido. Le seguía el Big Brother Brazil y las películas presentadas en el mismo canal. Los sábados, nuestros niños elevan también la audiencia del humorístico Zorra Total.
Los niños no señalan como preferidos los programas periodísticos, de auditorio, entrevistas ni los que presentan documentales, aunque se exhiban igualmente en el horario estelar. La encuesta deja claro también el tiempo valioso que los niños entrevistados por el Ibope se pasaron frente a la televisión durante las vacaciones, cuando podrían estar ocupados con otras actividades. Los datos señalan algunas cuestiones que merecen discusión y toma de decisiones, por lo menos de parte de las familias y los responsables de la producción y programación de la TV abierta.
Dos aspectos nos han llamado la atención. Primero: los niños están, en su mayoría, acompañados por adultos que son, por lo general, quienes deciden qué se va a ver. Segundo: el público infantil manifiesta preferencia por programas que presenten algún tipo de narrativa y buen humor.
Este análisis inicial permite que confirmemos otra vez la importancia que tiene la narrativa de historias, a través de productos audiovisuales, para los seres humanos de cualquier edad. Conocer, comprender y desvendar las relaciones y conflictos humanos, identificarse con personajes y constituir conocimientos y valores son actitudes vitales e indispensables en nuestra sociedad. Desencadenan incluso un efecto catártico sobre las frustraciones, deseos o ambiciones de un alto número de televidentes, entre ellos nuestros niños.
Telenovelas, por más folletinescas que sean, trabajan con la materia prima de la vida, en todos sus matices y desdoblamientos. Hasta mismo un reality show, a pesar de su apariencia tosca y mediocre, narra la saga de héroes, heroínas o villanos a la procura de victorias y premios. Esto sólo se alcanza a través de la imaginación, la argucia, la atención, la venganza, el ardil, la dominación, la traición y también la superación del fracaso, la soledad, la pobreza y el sufrimiento, en dirección al estrellato y la fama, sea por quince minutos o por largas semanas o meses.
Reír, aunque sea de lo ridículo y lo grotesco, alivia tensiones y divierte. Niños más pequeños, todavía sin una visión crítica desarrollada, son presa fácil del humor barato, populachero. Tampoco se puede olvidar que todo lo que se ve y oye en el horario estelar está traspasado por la búsqueda primordial de vender productos que atribuyen éxito y modernidad a quienes los adquieran.
Varias investigaciones evidencian que la producción audiovisual tiene el poder de estimular los dos lados del cerebro: el responsable de las funciones superiores del razonamiento, tales como la constitución del significado de palabras y acciones; y el articulador de los instintos, la intuición, los deseos, afectos y las emociones. Es por esto que el cerebro de los niños es cooptado con facilidad por los programas de TV, que ejercen atracción tan grande tanto sobre su razonamiento como sus sentimientos, deseos y afectos.
El profesor Geoff Beattie, del Departamento de Psicología de la Universidad de Manchester, Inglaterra, constató que las personas retienen más información cuando esta se presenta placenteramente a través de medios audiovisuales. La misma tesis se puede comprobar a partir de otros estudios realizados a lo largo de los últimos años, en los Estados Unidos y los Países Escandinavos, donde se han investigado programas de televisión de alta calidad educativa, cultural y de entretenimiento. Es el caso, por ejemplo, de Plaza Sésamo, vehiculado durante los últimos 36 años en 120 países, que adapta su contenido al contexto de los niños de cada región.
Una de las producciones de MULTIRIO que ha logrado mayor éxito entre los niños, premiada y reconocida en Brasil y fuera de él, es la serie Juro que vi (Que sí lo vi), que revisita mitos de nuestro folclore, como el del Curupira, el guardián de las florestas; el Boto (Delfín) Rosado y la diosa del agua dulce, la Iara. Producida con niños y profesores de una escuela de la Alcaldía de Rio, debe también su éxito, en gran medida, al hecho de manejar arquetipos universales, que tratan del miedo, el valor, la fealdad, la belleza, el poder, la cobardía y otras calidades y limitaciones humanas.
La TV, por lo tanto - ya que vehicula productos audiovisuales que provocan fascinación, deseo, miedo, esperanza o confianza, entre otras emociones -, tiene un poder de convencimiento y dominación. Eso trae consigo, inexorablemente, responsabilidad para quienes producen y divulgan, lo que ha sido uno de los temas más abordados durante la 4ª Cumbre Mundial de los Medios para Niños y Adolescentes, realizada en Rio de Janeiro en abril de 2004. Se elaboraron en aquella ocasión dos Cartas de Principios para los Medios de Calidad, firmadas por profesionales de medios, educación, cultura y políticas públicas, y 150 adolescentes de los cinco continentes.
Frente al panorama trazado, algunas discusiones se muestran urgentes: ¿las familias y los responsables acompañan a sus niños cuando estos miran las telenovelas, los reality shows, las películas y programas humorísticos? ¿Conversan sobre lo que están mirando? ¿Alimentan críticas, o buscan alternativas en otros canales y actividades distintas, cuando las escenas son ofensivas a la dignidad, ingenuidad y desconocimiento de los niños?
Las emisoras de gran audiencia, que venden sus espacios comerciales y lucran con la explotación de la violencia, la perversidad, el desprecio, la vulgarización de las relaciones sexuales, el voyeurismo, aunque busquen también enfatizar valores familiares y diversidad cultural y social, ¿acaso pueden garantizar que ejercen el autocontrol del que hacen alarde, por respeto a los derechos de niños, adolescentes y sus familias a un entretenimiento de calidad?
Los canales de televisión educativos y culturales, subsidiados con dinero público y por lo tanto sin necesidad de someterse a las reglas del mercado, ¿han sido capaces de ofrecer alternativas inteligentes, creativas y atractivas?
A fin de cuentas, ¿qué es calidad en los programas de TV? ¿Es lo que divierte, fascina, inspira solidaridad y comprensión? ¿O es lo que eleva la audiencia, la ganancia y hace ganar premios? ¿Es posible unir esos objetivos en el horario de audiencia estelar? El ritual de reunir a la familia alrededor de la TV todas las noches, en el horario estelar, exige de todos los protagonistas - tanto los que producen y divulgan como los que miran e interactúan - un verdadero compromiso ético, estético y político, un compromiso de respeto a los derechos de nuestros niños y adolescentes, que proporcione a su capacidad de imaginar, conocer y divertirse, una programación de mayor calidad.
Los niños no señalan como preferidos los programas periodísticos, de auditorio, entrevistas ni los que presentan documentales, aunque se exhiban igualmente en el horario estelar. La encuesta deja claro también el tiempo valioso que los niños entrevistados por el Ibope se pasaron frente a la televisión durante las vacaciones, cuando podrían estar ocupados con otras actividades. Los datos señalan algunas cuestiones que merecen discusión y toma de decisiones, por lo menos de parte de las familias y los responsables de la producción y programación de la TV abierta.
Dos aspectos nos han llamado la atención. Primero: los niños están, en su mayoría, acompañados por adultos que son, por lo general, quienes deciden qué se va a ver. Segundo: el público infantil manifiesta preferencia por programas que presenten algún tipo de narrativa y buen humor.
Este análisis inicial permite que confirmemos otra vez la importancia que tiene la narrativa de historias, a través de productos audiovisuales, para los seres humanos de cualquier edad. Conocer, comprender y desvendar las relaciones y conflictos humanos, identificarse con personajes y constituir conocimientos y valores son actitudes vitales e indispensables en nuestra sociedad. Desencadenan incluso un efecto catártico sobre las frustraciones, deseos o ambiciones de un alto número de televidentes, entre ellos nuestros niños.
Telenovelas, por más folletinescas que sean, trabajan con la materia prima de la vida, en todos sus matices y desdoblamientos. Hasta mismo un reality show, a pesar de su apariencia tosca y mediocre, narra la saga de héroes, heroínas o villanos a la procura de victorias y premios. Esto sólo se alcanza a través de la imaginación, la argucia, la atención, la venganza, el ardil, la dominación, la traición y también la superación del fracaso, la soledad, la pobreza y el sufrimiento, en dirección al estrellato y la fama, sea por quince minutos o por largas semanas o meses.
Reír, aunque sea de lo ridículo y lo grotesco, alivia tensiones y divierte. Niños más pequeños, todavía sin una visión crítica desarrollada, son presa fácil del humor barato, populachero. Tampoco se puede olvidar que todo lo que se ve y oye en el horario estelar está traspasado por la búsqueda primordial de vender productos que atribuyen éxito y modernidad a quienes los adquieran.
Varias investigaciones evidencian que la producción audiovisual tiene el poder de estimular los dos lados del cerebro: el responsable de las funciones superiores del razonamiento, tales como la constitución del significado de palabras y acciones; y el articulador de los instintos, la intuición, los deseos, afectos y las emociones. Es por esto que el cerebro de los niños es cooptado con facilidad por los programas de TV, que ejercen atracción tan grande tanto sobre su razonamiento como sus sentimientos, deseos y afectos.
El profesor Geoff Beattie, del Departamento de Psicología de la Universidad de Manchester, Inglaterra, constató que las personas retienen más información cuando esta se presenta placenteramente a través de medios audiovisuales. La misma tesis se puede comprobar a partir de otros estudios realizados a lo largo de los últimos años, en los Estados Unidos y los Países Escandinavos, donde se han investigado programas de televisión de alta calidad educativa, cultural y de entretenimiento. Es el caso, por ejemplo, de Plaza Sésamo, vehiculado durante los últimos 36 años en 120 países, que adapta su contenido al contexto de los niños de cada región.
Una de las producciones de MULTIRIO que ha logrado mayor éxito entre los niños, premiada y reconocida en Brasil y fuera de él, es la serie Juro que vi (Que sí lo vi), que revisita mitos de nuestro folclore, como el del Curupira, el guardián de las florestas; el Boto (Delfín) Rosado y la diosa del agua dulce, la Iara. Producida con niños y profesores de una escuela de la Alcaldía de Rio, debe también su éxito, en gran medida, al hecho de manejar arquetipos universales, que tratan del miedo, el valor, la fealdad, la belleza, el poder, la cobardía y otras calidades y limitaciones humanas.
La TV, por lo tanto - ya que vehicula productos audiovisuales que provocan fascinación, deseo, miedo, esperanza o confianza, entre otras emociones -, tiene un poder de convencimiento y dominación. Eso trae consigo, inexorablemente, responsabilidad para quienes producen y divulgan, lo que ha sido uno de los temas más abordados durante la 4ª Cumbre Mundial de los Medios para Niños y Adolescentes, realizada en Rio de Janeiro en abril de 2004. Se elaboraron en aquella ocasión dos Cartas de Principios para los Medios de Calidad, firmadas por profesionales de medios, educación, cultura y políticas públicas, y 150 adolescentes de los cinco continentes.
Frente al panorama trazado, algunas discusiones se muestran urgentes: ¿las familias y los responsables acompañan a sus niños cuando estos miran las telenovelas, los reality shows, las películas y programas humorísticos? ¿Conversan sobre lo que están mirando? ¿Alimentan críticas, o buscan alternativas en otros canales y actividades distintas, cuando las escenas son ofensivas a la dignidad, ingenuidad y desconocimiento de los niños?
Las emisoras de gran audiencia, que venden sus espacios comerciales y lucran con la explotación de la violencia, la perversidad, el desprecio, la vulgarización de las relaciones sexuales, el voyeurismo, aunque busquen también enfatizar valores familiares y diversidad cultural y social, ¿acaso pueden garantizar que ejercen el autocontrol del que hacen alarde, por respeto a los derechos de niños, adolescentes y sus familias a un entretenimiento de calidad?
Los canales de televisión educativos y culturales, subsidiados con dinero público y por lo tanto sin necesidad de someterse a las reglas del mercado, ¿han sido capaces de ofrecer alternativas inteligentes, creativas y atractivas?
A fin de cuentas, ¿qué es calidad en los programas de TV? ¿Es lo que divierte, fascina, inspira solidaridad y comprensión? ¿O es lo que eleva la audiencia, la ganancia y hace ganar premios? ¿Es posible unir esos objetivos en el horario de audiencia estelar? El ritual de reunir a la familia alrededor de la TV todas las noches, en el horario estelar, exige de todos los protagonistas - tanto los que producen y divulgan como los que miran e interactúan - un verdadero compromiso ético, estético y político, un compromiso de respeto a los derechos de nuestros niños y adolescentes, que proporcione a su capacidad de imaginar, conocer y divertirse, una programación de mayor calidad.
Fuente
Regina de Assis es la Presidenta de la MULTIRIO, Empresa de Multimedios de la Alcaldía de Rio de Janeiro y fue Coordinadora General de la Cuarta Cumbre Mundial de los Medios para Niños y Adolescentes en 2004.
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