Investigación formativa para contar con elementos de contexto para el diseño y la puesta en marcha del proyecto de educación integral en sexualidad – EIS- fuera de la escuela
Este informe hace parte de un estudio que realizó PBX, Grupo de Investigación en Comunicación, Cultura y Cambio Social de la Universidad del Norte en alianza con el Fondo de Población de las Naciones Unidas –UNFPA–. El objetivo era recoger evidencia que permitiera comprender cómo adolescentes y jóvenes, entre los 10 y 17 años, de cuatro municipios del Atlántico (Barranquilla, Soledad, Campo de la Cruz, Santa Lucía), entendían, interpretaban, cuidaban y asumían su sexualidad. El estudio debía centrarse en tres temas: embarazo en la adolescencia, Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), incluyendo VIH, y Violencia Basada en Género (VBG). Los resultados servirían para entender las características y necesidades de una población priorizada en un proyecto liderado por el UNFPA y la Organización Mundial de la Salud –OMS–, con el fin de diseñar y evaluar un programa de Educación Integral en Sexualidad por fuera de la escuela. En Colombia se denominó “Tírala Plena” y fue implementado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF–.
Estas agencias de la ONU seleccionaron cinco países para desarrollar este proyecto: Etiopía, Ghana, Irán, Malawi y Colombia. Aquí, en nuestro país, se decidió trabajar en el departamento del Atlántico, con poblaciones en contextos vulnerables, de escasos recursos económicos, con problemas de venta y consumo de drogas, y con alta presencia de personas que migraron de Venezuela. El grupo de investigadores de la Universidad del Norte, liderado por el sociólogo Jair Vega Casanova, se propuso comprender no solo qué pasa por la mente de jóvenes y adolescentes, al asumir cotidianamente su sexualidad, sino también qué pasa por la cabeza de padres, madres y funcionarios públicos, responsables y garantes de sus derechos sexuales, su cuidado y protección.
El proceso incluyó un proceso de diálogo permanente (reuniones semanales de equipo y llamadas ocasionales entre funcionarios) entre tres instancias: el equipo de la Universidad del Norte (responsable de la realización de la investigación), el equipo del UNFPA (responsable de la contratación y la asesoría técnica especializada) y la consultora para el desarrollo de la propuesta pedagógica. Esto, con el fin de fortalecer conceptual y metodológicamente la investigación; afinar los requerimientos de información y contribuir con hallazgos que permitieran fortalecer el diseño de la propuesta metodológica.
El proceso metodológico para recolectar información en los municipios seleccionados incluyó la realización de talleres/grupos focales de caracterización con adolescentes hombres y mujeres de 10 – 13 años, adolescentes hombres y mujeres de 14 – 17 años, grupos focales con figuras parentales, y realización de entrevistas con profesionales, específicamente, funcionarios/as de salud, protección y justicia. En total participaron 150 adolescentes hombres y mujeres.
Para la realización de los talleres en los cuales para el levantamiento de datos con adolescentes, se diseñaron 4 talleres iniciales: colcha de retazos, mapas parlantes, análisis de redes sociales y mapas corporales. Estas técnicas se fueron adaptando de acuerdo con los contextos y con los retos que posteriormente implicó la imposibilidad de utilización de técnicas presenciales dadas las cuarentenas producto de la pandemia del COVID-19.
Algunos de los hallazgos de esta investigación demuestran que jóvenes y adolescentes valoran de manera negativa el embarazo a temprana edad, principalmente, porque obstaculizaría sus sueños y ocasionaría problemas con sus familias. Sin embargo, no tienen conciencia sobre otros riesgos y consecuencias, como en la salud y otras dimensiones de sus vidas. No reconocen la Interrupción Voluntaria del Embarazo ni como derecho ni como una opción válida ante un embarazo no deseado o a temprana edad. Consideran que el embarazo en la adolescencia es una consecuencia por desobedecer a los mandatos y límites que establecen las familias y refuerza la sociedad. Coinciden en que el embarazo en la infancia y la adolescencia es un acto sancionable por la población adulta, en cambio, sienten que existe una aceptación social cuando el embarazo conlleva a la formación de una nueva pareja; en estos casos un hijo o hija son considerados “un regalo de Dios”. En esta parte del estudio se les preguntó por los métodos anticonceptivos. La conclusión: en general sus conocimientos son “muy superficiales” y, en algunos casos,“no muy precisos o errados”.
En cuanto a Infecciones de Transmisión Sexual, incluyendo VIH, llama la atención que las adolescentes confunden el VIH con el VPH, aunque algunas de ellas tengan la vacuna. En general, la mayoría de los grupos demostró confusión y poca información al respecto de la identificación, la transmisión y la prevención de ITS, incluyendo VIH. Aunque indican que el condón es necesario para la prevención.
En este estudio fue reiterativa la voz de jóvenes y adolescentes que expresaron temor frente a un embarazo por la reacción violenta de sus padres y madres. Se encontró que “si bien las figuras parentales son reconocidas como una importante fuente de información, en la práctica, gracias a que no hay suficiente confianza, la comunicación sobre los aspectos más críticos de la sexualidad en los adolescentes no se da de manera fluida.
La gran mayoría de los jóvenes habla de sexualidad con sus pares, porque sienten más confianza, porque no perciben juicios. “Sin embargo, es claro que sus pares podrían tener la misma o menos información de calidad que ellos. Aunque, de acuerdo con los resultados de las entrevistas y de otros estudios similares, es probable que en estos contextos muchas de las figuras parentales y docentes tampoco tendrían mucha información de calidad que ofrecerles”.
Algunas recomendaciones generales del informe mencionan que se necesita cubrir el enorme vacío del desconocimiento. Y para esto, la propuesta pedagógica debe partir de conocimientos básicos sobre sexualidad adolescente. También se necesita una reflexión colectiva, como sociedad, para desmontar normas sociales que interfieren en las prácticas de la sexualidad adolescente, como las expectativas de maternidad o paternidad, entre otras recomendaciones.
Información enviada a la Iniciativa de Comunicación por Jair Vega.
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