Acción para el desarrollo en América Latina con sociedades informadas y comprometidas
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Entrevista con Alfonso Gumucio - I

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Alfonso Gumucio Dagron es un especialista en comunicación para el desarrollo con experiencia en África, Asia, América Latina y el Caribe. Trabajó durante siete años en el UNICEF en Nigeria y en Haití, y como consultor internacional de la FAO, el PNUD, la UNESCO y otras agencias de las Naciones Unidas. Fue Director de "Tierramérica", un proyecto regional de PNUD/PNUMA sobre desarrollo sostenible, y asesor de comunicación de Conservación Internacional (Washington). Su trabajo como consultor lo ha llevado a familiarizarse con temas diversos: derechos del niño, poblaciones indígenas, arte y cultura, derechos humanos, organización comunitaria, salud y desarrollo sostenible.


Es autor de varios estudios sobre comunicación y de varios libros de poesía y narrativa. Sus artículos y ensayos breves han sido publicados por más de un centenar de revistas y periódicos, principalmente en América Latina. Como cineasta ha dirigido documentales sobre temas culturales y sociales, y realizado varias exposiciones fotográficas.

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Apartes de la charla sostenida por La Iniciativa de Comunicación con Alfonso Gumucio, durante la XII Mesa Redonda sobre Comunicación y Desarrollo organizada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA), Managua, Nicaragua, noviembre de 2001.

CILA: La diseminación de Haciendo Olas surge como una actividad importante en el contexto de la comunicación y el cambio social en América Latina. En esencia, contribuye a retomar el tema de la comunicación y el desarrollo en la región, especialmente a raíz de la resistencia que aún se encuentra en algunas facultades de comunicación debido a que se sigue pensando en un proceso lineal, dirigido, de comunicación vertical. Haciendo Olas aborda el tema de comunicación y desarrollo desde otra perspectiva que se acerca mucho a lo que se viene manejando conceptual y teóricamente en muchas universidades de América Latina, especialmente desde la perspectiva culturalista. Pero es clave que esta diseminación se dé tanto en el Sur como en el Norte con el fin de estimular un mayor diálogo sobre procesos de comunicación participativa para el cambio social. ¿Era ésto parte del objetivo de Haciendo Olas?


AG: Si, Haciendo Olas era el primer paso de un proceso más amplio. Haciendo Olas buscaba conocer más sobre la gran diversidad de experiencias de comunicación participativa que hay en el mundo, debido a que hay una gran necesidad de que estos proyectos se multipliquen; especialmente porque las organizaciones de desarrollo no están haciendo comunicación para el desarrollo; muchas de ellas están haciendo marketing o simplemente, trabajo orientado a la información.


Pero en ese proceso también nos damos cuenta de que no hay suficiente gente formada o especializada en comunicación para el desarrollo. En América Latina hay 600 universidades que tienen carreras de comunicación social; pero sabemos que sólo tienen el nombre, porque las carreras son de periodismo; todas tienen las clásicas divisiones de prensa, radio, televisión, publicidad, marketing, etc. Eso no es comunicación para el desarrollo, ni siquiera, diría yo, comunicación social; es información, es "one way" – un solo sentido-. El concepto tiene que empezar a cambiar primero en las universidades; tenemos ya cuatro o cinco universidades trabajando en esa línea, además de las brasileñas.


CILA: ¿Podría ampliar un poco su visión del panorama de la comunicación para el desarrollo en las universidades de la región?


Creo que se están abriendo opciones en América Latina. Las universidades ya están cambiando de perspectiva, y sin embargo todavía hay poco entendimiento de la necesidad que existe realmente de comunicadores para el desarrollo o para el cambio social. ¿Por qué? En parte porque los alumnos perciben que el único mercado es el comercial, es decir, los medios; un mercado que yo veo bastante saturado, porque en un continente que saca miles de periodistas cada año, es imposible que todos estos jóvenes encuentren sitio en los medios de información; yo creo que no le han visto todavía la posibilidad de promocionarse en el ámbito de las organizaciones de desarrollo.


Por otra parte, no es responsabilidad solamente de las universidades; las universidades responden a una demanda y esa demanda no se ha explicitado todavía de parte de los organismos de desarrollo. Acostumbrados a trabajar en información para promover su propio perfil, los proyectos, las organizaciones internacionales, etc., han descuidado todo lo que tiene que ver con los procesos de comunicación a nivel comunitario por falta de conocimiento. Es que mucha gente no sabe distinguir entre lo que es información y lo que es comunicación para el desarrollo. Comunicación significa compartir, viene incluso del latín comunio que es comunión. La participación se da en dos sentidos, no en un solo sentido como en el caso de la información; mucha gente usa la palabra comunicación pero piensa en medios, en un solo sentido.


El caso es que las propias organizaciones del desarrollo, durante muchos años, han contratado periodistas asignándoles una función de marketing, de relaciones públicas. Muy pocas instituciones han entendido que ese agente de información o de comunicación podría tener una función más interesante a nivel comunitario. De eso se trata ahora, de ir cambiando en varios niveles la percepción de lo que es la comunicación para el desarrollo, en las universidades, en las organizaciones para el desarrollo y en la propia gente que quiera dedicarse a ésto.


CILA: ¿Se están formando comunicadores con orientación de trabajo comunitario en diferentes niveles? Por ejemplo, ¿en el trabajo sobre políticas públicas? ¿Cómo logramos formar personas que se preocupen por políticas públicas de televisión, por el uso adecuado de los medios a niveles macro, micro y local, cómo logramos que se articule lo comunitario con lo masivo y con las nuevas tecnologías, cómo se podría hacer un trabajo sostenido?


AG: Creo que todo el mundo es consciente de que en el campo de la comunicación para el desarrollo, hay niveles necesarios. Tú necesitas al comunicador que trabaja en la comunidad y con la comunidad, y tienes también en el otro extremo, o en el otro nivel, la necesidad de un estratega de comunicación. En cuanto a planificar un proceso de formación, de capacitación, de educación sobre comunicación para el desarrollo hay que establecer algunas diferencias.


Precisamente, uno de los objetivos de un estudio que lleva a cabo la Fundación Rockefeller es conocer cuál es la oferta en este momento y en qué medida esa oferta todavía es deficiente. No creo que la solución sean pequeños cursos de quince, veinte días, un mes, que no generan ningún cambio desde el punto de vista del conocimiento y de la práctica. Porque uno va a un curso y regresa a seguir haciendo más o menos lo mismo con algo más de conocimiento.


Yo creo que hay que abrir la oportunidad para gente que viene de diferentes disciplinas. Porque puede haber efectivamente un agrónomo con algunos años de experiencia, al que le interesa la comunicación para el desarrollo dentro de su trabajo. En ese caso, 6 meses o un año de formación intensa complementarían sus conocimientos y experiencia. Pero también habría que abrir la posibilidad a estudiantes que apenas empiezan para que en el segundo o tercer año tengan un área de especialización en comunicación para el desarrollo.


CILA: Esto guarda estrecha relación con la necesidad de generar capacidad local en comunicación y desarrollo en los países de la región, tanto a nivel profesional como a nivel docente. ¿Se ha pensado en este aspecto? En la formación de formadores, en cómo se empieza a hacer olas, en cómo se empiezan a permear esas estructuras tan rígidas?


AG: Yo creo que en América Latina hay gente muy capacitada que podría formar. Creo que hay gente muy valiosa también en Africa y en Asia, que puede asumir la tarea; pero evidentemente, toda esa gente va a tener que enriquecer su conocimiento en ciertas áreas. La pregunta de fondo es, ¿qué es lo que le añadimos al concepto normal, vulgar de comunicación cuando decimos comunicación para el desarrollo? es todo ese conocimiento sobre el desarrollo, que implica antropología, sociología, conocimiento de la economía rural; habría que ver la forma en que los currículos simplemente digan, en el perfil de esta carrera, el estudiante debe tomar créditos de tales y tales carreras; con eso ya haríamos una gran fuerza.


CILA: Retomando la discusión sobre la comunicación para el desarrollo, se podría afirmar entonces que existe todavía antipatía en América Latina respecto al concepto de comunicación para el desarrollo? Se puede pensar en comunicación para el cambio social?


A.G.: Yo pienso que no es un problema de términos, sino de ideología; en términos prácticos puedes llamarlo comunicación para el desarrollo, comunicación para el cambio social, porque de todas maneras una buena comunicación para el desarrollo es una comunicación para el cambio social. Yo pienso que el problema es que ha habido una gran resistencia porque hay un elemento "subversivo", en el sentido de que estamos tratando de que las comunidades tengan su propia voz.


El concepto ha estado ahí mucho tiempo, pero en manos de pequeños grupos y personas que han tratado de empujar el proceso de la comunicación para el desarrollo sin haber tenido éxito en captar el interés de organizaciones que podían haber hecho mucho más. Ahora la Fundación Rockefeller lo está haciendo. Y lo bueno es que ahora si está teniendo influencia en las demás instituciones; evidentemente, ésto está permitiendo que otras organizaciones tomen el concepto seriamente, cosa que no sucedía antes.


CILA: En cuanto a la experiencia de Haciendo Olas, ¿qué fue lo que más le marco, lo que más le impactó?


A.G.: Descubrir en algunos casos y ratificar en otros, este inmenso potencial que existe en las propias comunidades de hacer su propia comunicación; si hay algo que Haciendo Olas aporta es precisamente, mostrar esas experiencias que a veces suelen parecer pequeñas y que mucha gente de hecho desprecia por pequeñas y localizadas; pero mi tesis es que si se multiplican, pueden llegar a muchísima gente; yo creo, fundamentalmente, que no hay comunicación que sea sostenible si no está basada en la participación de la gente, todo lo demás sería artificial y sería exógeno; el aporte de Haciendo Olas es descubrir para muchos, incluso para nosotros que estamos en el terreno de la comunicación, la existencia de una serie de experiencias que se han hecho con mucho esfuerzo y que tienen un beneficio inmediato sobre las comunidades, porque las comunidades son parte de ellas.


CILA: ¿Y cuál fue el vacío que encontró de manera consistente? ¿Cuál es el reto más concreto con en el que se encuentra cada una de estas comunidades o proyectos?


A.G.: Yo creo que las limitaciones en muchos casos vienen de la incapacidad de la comunidad de apropiarse de un determinado proceso de comunicación; el libro incluye éxitos, fracasos, pero en la mayoría incluye experiencias que están en proceso y por ello no podemos decir ahora si van a fracasar o no van a fracasar; sobre algunas se dan ciertos parámetros, pero fundamentalmente es un libro sobre procesos de comunicación; por eso no puede uno ser muy definitivo en clasificar y juzgar las experiencias, pero la lección grande es esa: que si un proceso no llega a ser apropiado por la comunidad, es muy difícil que sea sostenible porque en cuanto se retira el apoyo externo, el proceso no tiene condiciones de continuar.


CILA: En el mediano plazo, ¿cuáles cree usted que son los retos para aquellos que trabajan en comunicación para el cambio social?


A.G.: Creo que el problema de la formación es muy importante; es lo que se requiere para que más experiencias de este tipo, para que el concepto de la comunicación participativa funcione. Necesitamos agentes de cambio, ese comunicador para el desarrollo, ese comunicador para el cambio social cuyo perfil no existe.


CILA: ¿Cuál es su posición frente al tema de la evaluación?


A.G.: Tengo una perspectiva algo radical sobre la evaluación; pienso que las evaluaciones que se conocen hasta ahora en comunicación, las que llevan adelante grandes instituciones de desarrollo, son evaluaciones totalmente dirigidas e interesadas. Creo que hay una industria mundial de evaluadores que nunca va a entrar en conflicto con las instituciones que la contratan y que por tanto, hace evaluaciones sesgadas. Creo también que la evaluación se está usando demasiado como un instrumento de marketing. Todas esas cosas pesan sobre la calidad de las evaluaciones.


Tengo también críticas sobre las metodologías; por ejemplo, el hecho de que los instrumentos de evaluación se diseñen en otros lugares y no donde se hacen las evaluaciones; también, en cuanto a quienes aplican esos instrumentos, personas que generalmente no conocen el contexto social, político y cultural de los lugares. Tengo críticas que incluso incluyen problemas de selección de grupos focales, en términos de quiénes son los que hablan, quiénes representan a la comunidad, etc. Pero además, pienso que los procesos de desarrollo social o de comunicación para el desarrollo no pueden ser medidos de la misma manera que se mide un proceso de producción agrícola.


La mejor ilustración se puede hacer con la educación. En la educación no solamente se puede decir hemos educado o alfabetizado 50.000 alumnos; ese es un dato, pero un dato solamente; ¿con qué calidad los alfabetizaron, con qué competencias? Reconozco que no hay todavía instrumentos específicos para evaluar los procesos de comunicación para el desarrollo; tenemos que buscarlos. Pero por otra parte, pienso que cuando un proceso de comunicación para el desarrollo está realmente inserto en la comunidad, los criterios, toda la ideología de la evaluación cambia; porque es la comunidad de alguna manera, la que se está autoevaluando a sí misma constantemente; yo siempre cito el ejemplo de las radios mineras; nadie nunca hizo una evaluación de las radios mineras y funcionaron treinta y tantos años muy bien. ¿Por qué? Porque la propia comunidad estaba controlando y evaluando a la radio minera; un monitoreo constante, permanente; no es como evaluar del 15 de diciembre al 1º. de enero o durante un año. Se trata de un proceso permanente en el que la comunidad realmente se apropia, no solamente del proceso de comunicación, sino del proceso de evaluación.


Desde el punto de vista institucional, aceptemos que hay que desarrollar instrumentos de evaluación propios y específicos para la comunicación para el cambio social; ¿cómo se pueden medir los cambios sociales? tiene que haber indicadores, podemos crearlos; pienso que la línea es lo cualitativo y que la traducción de esa información a lo cuantitativo, va a ser un reto muy grande.


CILA: Muchas gracias.

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Como me puedo comunicar con Alejandro Gumucio?
Donde puedo obtener informacion sobre maestrias en comunicacion para el desarrollo?

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¿Me podrá mandar información especialmente para mi? soy estudiante de la Universidad Autónoma Indígena de México. mi e-mail:javilopz73@hotmail.com

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es muy importante por lo cual es necesario poner mas temas en la misma pagina por otro lado los temas no son completo

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que es muy util aquella paguina espero que sigan asi los felicitodel liceo hoteleria y turismo

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