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Formas emergentes de ciudadanía

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Formas emergentes de ciudadanía


Por María Martha Collignon Goribar.
Profesora-investigadora del Departamento de Estudios Socioculturales. Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Guadalajara, México.

Resumen:
Si bien las condiciones socioculturales de la modernidad tardía se imponen como condicionantes al ejercicio de la ciudadanía por parte de los diversos actores sociales, el caso de los jóvenes requiere una aproximación distinta. Estos actores sociales aún con su explícita desilusión y desconfianza en los sistemas e instituciones sociales, participan de la dinámica social a través de formas creativas e innovadoras; y a pesar de la crisis estructural de los sistemas sociales, políticos y económicos a que se enfrentan los actores, y la permanente actitud de desconocimiento de sus capacidades de participación ciudadana por parte de tales instituciones, los jóvenes construyen un sentido distinto de su ciudadanía.

"Jóvenes y ciudadanía: trascender la desilusión."
Cualquier propuesta o reflexión que articule términos tales como los jóvenes en tanto actores sociales, la ciudadanía en tanto condición sociopolítica, la modernidad tardía en tanto condición histórica, y las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC), requiere una importante toma de postura teórico-conceptual que permita ubicar las propuestas en su adecuado marco referencial. Cada uno de los términos mencionados ha sido objeto de diversos abordajes, discusiones y delimitaciones, por ello habrá que dedicar unas líneas a expresar las formas en que la autora toma una postura específica en torno a ellas.

Si bien no es éste el espacio para hacer un recorrido detallado de cada uno de los términos, resulta necesario dar cuenta del anclaje histórico de cada uno de ellos, ya que las aproximaciones a desentrañar la plausibilidad de la existencia de ciudadanías que tengan por sujeto a los jóvenes, requiere la construcción de puentes entre el cuarteto de términos con los cuales se trabaja.

Los jóvenes han sido objeto de diversos abordajes y "clasificaciones"; la priorización y combinación de elementos biológicos, psicológicos, sociales, culturales, políticos, hacen del esfuerzo por delimitar el concepto, algo complejo. Los diversos trabajos que recuperan y sintetizan la historia de los jóvenes ofrecen una sólida plataforma para comprender el momento del debate actual. De cualquier manera conviene señalar de una vez por todas que la tarea de definir juventud o a sus actores (los jóvenes) es empresa que siempre resulta difícil por lo inaprensible de la noción. La historia nos muestra que "no siempre ha existido una edad propia que separara la niñez del estado adulto, la edad del juego de la edad de las responsabilidades. Hubo momentos en la historia en que la niñez desembocaba directamente en una vida laboral plena".

A lo largo de la historia de las diversas sociedades, la juventud -y los jóvenes por consiguiente- ha sido objeto de valoraciones y tratamientos distintos. La relación entre juventud (como etapa) o jóvenes (como sujetos) y las diversas esferas de la dinámica y la estructura social, ha sido construida de formas diversas según sean los objetivos y fines de cada sociedad. Cada sociedad requiere condiciones específicas para el logro de sus metas, y ello implica formas estructurales de organización que posicionan a grupos de edad y a los sujetos de esos grupos, en situaciones sociales distintas. De ahí que el intento por explorar la plausibilidad la existencia de una ciudadanía suyos sujetos sean los jóvenes, resulta en sí tarea atractiva por su complejidad.

Si bien los jóvenes han estado presentes y han figurado en diversos momentos de la historia de la humanidad, las teorías que dan cuenta de la juventud en tanto fase de la vida individual que se comprende entre la pubertad biológica (condición natural) y el reconocimiento de un estatus adulto (condición sociocultural), se han dividido en dos por sus diferencias en las formas en que han otorgado lugar a estos sujetos sociales. Estas teorías difieren en que unas ven la juventud como un constructo cultural históricamente relativo, y otras la consideran un proceso esencial con ingredientes de condición natural . De ahí que la delimitación sociopolítica de la juventud, en tanto etapa y condición, obedece no sólo a criterios biológicos, cronológicos, psíquicos, económicos, históricos o familiares, sino que está estrechamente asociada con aspectos de orden socioeconómico y en torno al papel que el individuo, el grupo o la clase desempeña dentro de la estructura social.

La ciudadanía en su concepción más clásica reconoce tres dimensiones: la civil, la política, y la social; con ellas se pretenden garantizar los derechos civiles, de libertad, el derecho a la participación y el sufragio, así como los derechos al bienestar. Sin embargo varios autores coinciden en señalar que si bien la ciudadanía tiene la acepción de un estatuto o situación legal, unida a la concesión de poderes, no se agota en ello. La ciudadanía "está demostrando ser una mediación fundamental que sintetiza e integra las distintas identidades sociales que una persona actualiza" , de tal manera que la visión clásica de la ciudadanía habría sido rebasada en tanto se impone la reivindicación de la diferencia cultural.

Según se afirma en el documento que da cuenta de los resultados de la Encuesta Nacional de Juventud realizada en México en el año 2000, los jóvenes son especialmente sensibles al tema de la ciudadanía, ya que aunque expresan sus deseos de participar en los procesos sociales y políticos, no saben cómo colocarse ante una sociedad que simultáneamente los exalta y los reprime. Más allá de las definiciones y las limitaciones del término ciudadanía, toca hoy preguntarnos por las posibilidades que existen en el mundo actual para que los jóvenes ejerciten sus derechos y ciudadanías; si la ciudadanía implica sujetos sociales que se sitúan como interlocutores en relación a otros sujetos y a las autoridades, y como sujetos que participan en las dinámicas sociales que les interpelan , las condiciones socioculturales de los sujetos sociales se convierten en condicionantes del ejercicio de la ciudadanía. Afirma Wallerstein que la ciudadanía se inventó como un concepto de inclusión de las personas en los procesos políticos, y que así como incluye también excluye porque conferir privilegios implica protegerlos. En relación a la ciudadanía de los jóvenes, si bien no es negada explícita o totalmente, los condicionantes son objetivamente sutiles aunque compactas barreras que dificultan su ejercicio, de tal suerte que bien podríamos calificar esta ciudadanía, como ciudadanía de "segunda clase".

Es momento de situar socio-históricamente a los actores de los que venimos hablando y los plausibles procesos de construcción de ciudadanía. El mundo de la modernidad tardía se caracteriza por la existencia de un pensamiento social que manifiesta desconfianza en los sistemas de creencias establecidos, en el conjunto de explicaciones propios de los grandes relatos, lo cual abre paso a la instalación de la duda y la crisis permanentes en relación a las respuestas que antes se creían definitivas. Esta crisis de credibilidad en los sistemas y grandes relatos se instala en las diversas esferas del mundo social, de las cuales el individuo alimenta su realidad subjetiva: la política, la religión, la ciencia. Así los actores sociales actúan en condiciones de duda metódica (en contraposición a la certeza progresiva), se confía en el discurso de las autoridades sólo de forma provisional (hasta que aparezca un nuevo discurso que sobrepase en calidad y extensión al primero) y a sabiendas de que los sistemas abstractos proporcionan gamas de posibilidades, y no guías o recetas de acción fijas .

Las situaciones sociales que viven los jóvenes de esta modernidad tardía, imponen a los actores condiciones desfavorables para su inserción en el mundo social; la falta de una equitativa inserción económica y de un acceso indiferenciado a la educación, hace de la población joven una de las más vulnerables en el mundo actual, convirtiéndola en una juventud marginada del desarrollo y el crecimiento. En condiciones de escasas oportunidades de elección, los jóvenes viven en permanente desconfianza en relación a las instituciones sociales, en las posibilidades de un futuro mejor en relación al presente, y en las promesas que de forma continua las autoridades les ofrecen. La pérdida de confianza en esas instituciones mina también la confianza en si mismos en tanto se ven imposibilitados para mostrar -y mostrarse a sí mismos- que cuentan con capacidades para armar y desarrollar proyectos que apuesten al crecimiento, desarrollo, profesionalización, participación, etc. Así pierden también el interés por participar en la sociedad.

Pero esta pérdida de interés por participar social y políticamente a través de las formas tradicionales no conlleva una pérdida de interés por la sociedad; comprender las formas emergentes, innovadoras, creativas que los jóvenes construyen para hacerse visibles como actores y ciudadanos, requiere otros esquemas interpretativos y explicativos. De ahí que resulte necesario colocar la mirada en las actuales tecnologías de información y comunicación, que objetivan y ponen en circulación un conjunto ilimitado de sentidos sobre lo político, lo social, lo cultural y las formas en que los jóvenes del mundo globalizado, en tanto actores sociales en construcción permanente, interpelan los sistemas y mecanismos clásicos de participación ciudadana.

El ejercicio de la ciudadanía conforma al actor social y su identidad, por ello de forma permanente los jóvenes desde su propia visión de ciudadanía, se construyen como actores. No tienen interés en participar en los espacios que diversas estructuras y dinámicas tradicionales, convencionales y rígidas les ofrecen, porque no confían ni creen en esos esquemas políticos. Se muestran decepcionados de la acción política de sus gobernantes y pretenden, con sus propias propuestas y acciones, mostrar su interés por su entorno local dentro del mundo globalizado. Re-significan el espacio que habitan al margen de las condiciones e intentando sobreponerse a los condicionantes que el Estado, la familia y la escuela les imponen; de ahí que diversas organizaciones no gubernamentales (ONG's) y movimientos sociales han visto fortalecidos sus proyectos con la inclusión de jóvenes que apuestan por un mundo inmediato -vinculado a lo local- mejor que el que la sociedad les ha prometido pero no les ha entregado.

Las diversas experiencias en que jóvenes de todo el mundo participan actualmente a través de la red de comunicaciones electrónicas, sumándose a causas geográficamente lejanas pero políticamente incorporadas -internalizadas, hechas propias-, dan cuenta de la necesidad de re-plantear los discursos que colocan a los jóvenes como sujetos apáticos, desinteresados, y pasivos. A pesar de que los discursos juveniles hablan de un alto grado de desilusión y desconfianza en las instituciones, sus personajes y sus proyectos, los jóvenes han sabido hacerse visibles a través de sus expresiones cotidianas y culturales. La diversidad de jóvenes, identidades y culturas juveniles conlleva necesariamente a reconocer la existencia de una heterogeneidad en las formas de construir y ejercer la ciudadanía, por lo que más que una ciudadanía del orden juvenil, podríamos hablar de ciudadanías en plural.

De la misma manera en que el ejercicio de la ciudadanía constituye al actor social, la ciudadanía y su ejercicio son objeto de aprendizaje y construcción. La socialización primaria y la secundaria, por las que los sujetos sociales atraviesan a lo largo de su existencia, son procesos y escenarios a través de los cuales se aprende el valor y las formas de participación social -civil y política-, así como los derechos que pueden ser exigidos y las obligaciones que se asumen por formar parte de una sociedad concreta.

En principio, en el proceso de socialización primaria la familia tiene un papel determinante dentro de las sociedades tradicionales, sin embargo el desarrollo tecnológico y los altos niveles de acceso a medios de comunicación electrónicos que las sociedades modernas ponen a disposición de sus miembros, ofrecen a los nuevos miembros de la sociedad, una amplia oferta de formas en que puede vivirse, ejercerse, interpretarse y exigirse la ciudadanía, y de igual forma ofrece a los socializadores, una oferta importante de formas en que puede enseñarse, imponerse, exigirse y valorarse esta ciudadanía. Mientras los niños 'aprenden' por la televisión la diversidad cultural y ciudadana de otras culturas, los padres pueden llegar a conocer otras formas de socialización (en familias, escuelas, grupos sociales) pertenecientes a otras culturas a través de programas televisivos , y a través de la comunicación electrónica -Internet- con personas, grupos o sociedades de padres.

Situaciones similares viven los jóvenes en relación a la conformación de su ciudadanía y lo que les ofrecen los medios electrónicos de comunicación. Por la socialización secundaria , de la cual tanto la escuela como los medios de comunicación y el contexto social inmediato son los más responsables, los jóvenes adquieren un repertorio de referentes que les permite vivir el mundo globalizado, en tanto pueden llegar a sentirse ciudadanos del mundo; las comunidades de sentido podrían ser el anclaje de la participación social globalizada de los jóvenes contemporáneos. Hoy día es imposible pensar en la formación de una cultura política ciudadana al margen de los medios masivos de comunicación, más aún cuando vivimos una crisis de credibilidad y confiabilidad en las instituciones políticas -gubernamentales, partidos, personajes- y la inexistencia de espacios a través de los cuales los jóvenes puedan tomar parte en las decisiones trascendentes para la vida social en general y sus condiciones socioculturales concretas. Así, los medios de comunicación se legitiman como espacios de socialización y de expresión ciudadana.

Referencias bibliográficas:
Berger, Peter y Thomas Luckmann (1991) Construcción social de la realidad, Amorrourtu editores, Buenos Aires.

Durston, John Limitantes de ciudadanía entre la juventud latinoamericana, pulse aquí para acceder la página web.

Feixa, Carles (1988). La tribu juvenil. Una aproximación transcultural a la juventud.

L'Occhiello, Torino.

Giddens, Anthony (1997). Modernidad e identidad del yo. Península, Barcelona.

Jóvenes Mexicanos del siglo XXI, Encuesta Nacional de Juventud 2000. (2002) Instituto Mexicano de la Juventud, México.

Levi, Giovanni y Jean-Claude Schmitt (1996), Historia de los jóvenes. Vol. II La Edad Contemporánea. Taurus, Madrid.

Valenzuela, José Manuel (1997). A la brava, ése. Identidades juveniles en México: cholos, punks y chavos banda. COLEF/ Escuela Nacional de Trabajo Social, México.

Wallerstein, Emmanuel (1998) Utopísitca o las opciones históricas del siglo XXI, Siglo XXI editores, México.

Fuente:
Visite la página web para apreciar eldocumento.

Para más información contacte a:
María Martha Collignon Goribar.
E-mail: mcollignon@iteso.mx

Comments

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Me interesa particularmente la idea/situación real de ciudadanía como contrapuesta a la exclusión, base -entre otras- de las relaciones violentas organizadas de la juventud ("maras", en Centroaméricas)

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felicitaciones es unpà gina muy ùtil nos permite buscar la mejor manera de enteblar un dià logo en tèrminos modernos de nuestra realidad social

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pero que clase de consiencia puden tomar los jovenes con la manipulacion de los medios

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bueno exactamente estoy buscando sobre este tema de la juventud y las expresiones socioculturales bueno algo es algo verda gracias

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necesito el consepto de ciudadano y ciudadania que mañana tengo exposicion sobre eso si pueden ayudarme.........

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